Ábrelo.
No tengas miedo y tira del manillar, abrirás un cajón de sueños, locuras, canciones, risas y lágrimas mezclados sin orden alguno...
Descubrirás mi mundo, unico e irrepetible al igual que el tuyo, un mundo lejano y cercano, normal y extraño, alegre y triste, silencioso y musical, enorme y a la vez tan pequeño que cabe en un cajón...

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28/5/08

Ilusión

La joven disfrutaba con los ojos cerrados del arrullo del viento, que balanceaba suavemente el árbol en el que estaba sentada. Los rayos de sol se colaban, caprichosos, entre las ramas, como un gato buscando ser acariciado. Las hojas jugaban a la cogida con su cabellera dorada, riendo murmullos a la brisa que las empujaba.

Despreocupada, sin obligaciones algunas, podía pasar allí todo el tiempo que quisiese. Una sonrisa adornaba su rostro, y bajo sus párpados cerrados se ocultaba una mirada soñadora. Cualquiera hubiera dicho que era feliz.

Pero no lo era. Necesitaba una ilusión, algo a lo que aferrarse. Algo que la hiciera capaz de correr sobre aquel mar de calma, que diese paso de la tranquilidad a la alegría, de la armonía a la explosión de sentimientos.

Necesitaba enamorarse.



Despues del gran exito de la entrada anterior, dejo este relato más cortito a ver que pasa XD
¡Gracias por pasarse! (aunque no se muy bien a quien va eso T.T)
¡Un beso!
Lauri

22/5/08

Nota de un sueño

Bueno, voy a dejar un relato que viene de hace tiempo, la idea basica es de noviembre o por ahi, por causas ajemas a mi (ejem, ejem ¬¬) tuvo que esperar hasta enero y desde entonces hasta ahora la culpa es de mi inspiracion que decidio irse de vacaciones... lalalala... conclusion: no es culpa mia haber tardado tanto xDD Por la gente que lo ha leido, cada uno interpreta cosas distintas, asi que lo dejo a eleccion de la imaginacion de cada un@... Es de los relatos cortos mas largos que he escrito, y ahora que lo pienso la frase se contradice un poco... que importa XD
Con ustedes, el relato:



Se levantó de un salto, haciendo crujir las ramas que le rodeaban. Miró a su alrededor, buscando desesperadamente lo que le había parecido ver entre la maleza. Allí, a la izquierda, un destello. Sintió cómo la alegría la embargaba, iluminando cada rincón de la espesa noche que cubría el cielo, y que hasta hacía poco la había cubierto a ella.

Se envolvió en su fina capa y se puso en marcha. No podía perderle la pista. Llevaba años buscándola sin pausa, sin descanso, necesitando cada día más aquello que nunca le había pertenecido. Como aquellos locos que desean apoderarse de la Luna, ella deseaba cumplir su sueño de verla, cara a cara, su mirada contra la de ella, para decirle…

¿Qué le diría? ¿Que había malgastado su vida para encontrarla? ¿Que había cambiado todos sus sueños por del único deseo de verla? ¿Que había despreciado oportunidades de ser feliz a cambio de la esperanza de aquel encuentro? ¿Que pasaba las noches en vela tratando de recordar la última vez que la había visto?

No, no podía decirle nada de aquello. Había soñado miles de veces con ese momento, y cuando por fin llegaba creía que sus esfuerzos no habían valido la pena. Ella seguramente ni la recordaría. ¿Cómo iba a hacerlo, si apenas había cruzado con ella la mirada y se había ido? Había sido aún más efímera que el brillo de una estrella fugaz, se había desvanecido antes incluso de que pudiese contemplarla del todo.

Siguió andando por el bosque, internándose en la espesura, siguiendo por donde había creído ver por última vez aquella mágica luz blanquecina que tantas veces la había asaltado en sueños. A veces había dudado seriamente de su existencia, y más de una vez se había planteado la posibilidad de que todo aquello no fuese más que una quimera, una más de las muchas fantasías con las que le gustaba entretenerse. Pero en el fondo sabía que no.

Aquello era demasiado fuerte como para tratarse de una imaginación. Su mente no era capaz de crear una imagen tan conmovedora, tan mágica, tan pura… No, ni en sus más bellos sueños habría imaginado algo así. Era real, muy real.

Por eso estaba segura de que seguía el camino correcto.

Pero de pronto, la luz desapareció.

Angustiada, sintiendo el peso del mundo aplastando su corazón desilusionado, corrió hacia el lugar en el que había visto aquel destello por última vez. Respiró, aliviada: una cueva. Saber que ella estaba ahí dentro, aunque fuese en las profundidades de una gruta desconocida y completamente oscura, siempre era mejor que no saber dónde estaba. Al fin y al cabo, aquel siempre había sido su sueño, y hubiera hecho cualquier cosa por verlo cumplido.

A pesar de todo, entrar en aquella cueva le imponía respeto. Si al menos tuviese una antorcha… Pero de haberla tenido no hubiese podido ver el brillo apagado que perseguía como si su vida dependiese de ello. Sin pensarlo más, se adentró en la gruta.

La oscuridad era aún más densa de lo que había imaginado, más negra que cualquier noche que hubiese vivido, más impenetrable que el más grueso muro de piedra. Y sin embargo, una bella grieta blanca que ahora revelaba tonos verdosos rompía aquella oscuridad tan profunda de una manera casi imperceptible para cualquiera… Excepto para ella, que jamás podría olvidar aquel brillo que hacía tantos años había podido contemplar y la había marcado tan profundamente.

Siguiendo aquella mágica luz, se adentró cada vez más en aquella laberíntica cueva, sin darse cuenta de que hacía ya tiempo que no recordaba cómo volver a la superficie. Tampoco le importaba demasiado: iba a verla, y ella la ayudaría a salir si se lo pedía.

Empujada por sus esperanzas, daba un paso tras otro en dirección a la felicidad de verla, de disfrutar de su magia y sentirse protegida por aquella aura de vida y alegría. Hipnotizada por su sueño, avanzaba hacia el cumplimiento de todas sus ilusiones, de todos sus deseos. Cegada por aquella tenue luz, seguía adelante para alcanzar lo que daría sentido a su vida, sin darse cuenta de que el sentido de su vida hasta entonces había sido buscarla a ella.

Poco a poco, la luz se fue intensificando. ¿Se había detenido a esperarla? Sin que a su corazón le diese tiempo a latir más rápido, comenzó a correr con todas sus fuerzas hacia la luz, sin pararse a pensar siquiera en lo mucho que se parecía en aquel momento a un mosquito, pequeño e insignificante, que se acerca encandilado a la luz.

Dobló una curva de aquel laberíntico pasillo y se detuvo desalentada. No encontró lo que esperaba. Sólo era una caverna completamente cubierta de piedra blanca, brillante como el hielo, que a pesar de la total falta de luz emitía un halo blanquecino que parecía salido de un hechizo. Oía el eco rítmico de gotas de agua cayendo en charcos, y supuso que todo aquello era hielo que se derretía. A pesar de lo mágico que podría haberle parecido el lugar a cualquiera, para ella no era más que una cueva cubierta de hielo, sin ningún tipo de interés. Lo único que la intrigaba era aquella luz, tan parecida a…

Lentamente se adentró en la cavidad, atraída por la mágica e inexplicable luz. Maravillada, miró a su alrededor y comprobó que aquella cueva era sorprendente, única, espectacular: sus paredes no eran lisas, sino que estaban cubiertas de estalactitas que crecían en todas las direcciones. Unas se agrupaban en forma de erizo de hielo, otras parecían ser plantas de piedra que crecían enredándose sin explicación, algunas caían desde el techo pegadas a una pared, ondulándose como cortinas al viento… También había estalagmitas que salían del suelo, no cónicas, sino con formas que recordaban con un escalofrío a figuras humanas que hubieran quedado ahí petrificadas cientos de años atrás, y ahora fuesen fantasmas guardianes de aquella cueva perdida.

Miraba con ojos sorprendidos piedra tras piedra, brillo tras brillo, hechizo tras hechizo. Cada roca era única, más maravillosa aún que la anterior, todas ellas sin explicación aparente. Cautivada como estaba por toda aquella belleza, jamás se hubiese planteado ponerse a pensar el origen de esa cueva, sus pensamientos estaban volcados en admirar toda aquella magia, aquel milagro de la naturaleza.

Nunca sabría cuánto tiempo pasó allí, empapándose de la blancura inmaculada de aquella cueva, que casi había conseguido que olvidase porqué estaba ahí. El caer de una gota la despertó de su trance. Entonces, poco a poco, se dio cuenta de su situación: estaba perdida en las profundidades de una cueva, no tenía la más remota idea de cómo salir de allí, nadie sabía que dónde estaba, y su sueño de verla se había desmoronado en pedacitos de roca caliza. Su luz, por bella que fuera, quedaba eclipsada por el brillo casi fantasmagórico de la cueva, y así jamás conseguiría encontrarla.

Quizás incluso ya se hubiese ido, olvidándola a ella por completo, sin importarle lo que le ocurriese. Al fin y al cabo, había sido ella la que la había seguido, a su cuenta y riesgo. Ahora estaba atrapada, y moriría. Pero aunque fuese así, era incapaz de sentirse traicionada o decepcionada. Había conseguido verla de lejos, que ya era mucho más de lo que había logrado en toda una vida de búsqueda. Había llegado hasta aquella cueva que la había cautivado. No había perdido nada, excepto su vida, cuyo único sentido era cumplir un sueño. Y lo había hecho… a medias.

No tenía miedo a la muerte. Tarde o temprano llegaría, sería natural. Estaba extrañamente calmada, sentía paz en cada bocanada de aire que respiraba, en cada brillo de aquella caverna, en cada piedra que pisaban sus pies, en cada sugerente eco del lento pero incesante goteo. Cerró los ojos, dispuesta a esperar.

Pero unos segundos después los volvió a abrir. Debía despedirse. No sabía de quién, pero no deseaba abandonar su mundo sin decir adiós. Arrancó una hoja de la libreta que siempre llevaba consigo, y comenzó a escribir.

A ti a quien ha llegado este mensaje:

No sé quien eres, ni probablemente tú sepas quien soy. Eso no importa Seguramente no eres nadie, y nadie leerá esto. Estoy atrapada bajo tierra. No, no grites “¡ayuda!” ni trates de buscarme. Ya he muerto. No importa. He muerto feliz, en un lugar inimaginablemente bello. No trates de imaginarlo, ya te he dicho que es imposible. No hace falta describirlo. Una cueva, poco más que eso. No recuerdo bien cómo llegué hasta aquí. Sólo recuerdo por qué.

Me ha parecido ver un hada.

Sólo eso.

— ¡Carl, mira esto!

— ¿Qué pasa, Matt?

— Este papel… Léelo. Alguien ha muerto. Deberíamos ir a buscarla.

— ¿Realmente te crees todo lo que lees? Además, si está muerta, poco podremos hacer por ella.

— Sí, pero…

— Olvídalo. Si esto fuese cierto, el papel estaría ahora bajo tierra, y no aquí arriba. No es más que una broma pesada para inocentes como tú. Vamos, tira eso y en marcha, aún queda mucho trabajo por hacer.




PD: olvidaba decir que esta dedicado al mejor grafologo que conozco (tambien al peor, al mas guapo, al mas feo, al mas listo, al mas tonto, al mas simpatico, al mas borde... ¡al melillo! XD)
PD2: mas te vale leerlo por muy largo que sea... ¬¬

8/4/08

¡Un año!

¡Hola! Hoy hace justamente un año que abri este blog sin muchas esperanzas de comentarios... Bueno, parece que mis esperanzas se cumplieron xDDD Mil gracias a todos los que comentan/han comentado en mi blog, siempre me hacen mucha ilusion las opiniones ^^ ¡Sigan asi! XD
En este año el blog ha sufrido algunas transformaciones... no me acuerdo que plantilla tenia yo antes de esta o.O Todo lo que se deja de usar (o muere) se olvida... O casi todo (espero)
Dejo este relato de una muerte que por suerte no ha ocurrido, pero me siento asi de todas formas por alguna razon, a pesar de que hoy fue un dia divertido y tranquilo, con muchas horas libres por razones estupidas (nº 1: la alarma de incendios se activo sola, y no podian quitarla asi que no se podia dar clase por el ruido, asi que tuvimos que esperar hasta que llegasu un tecnico... perdimos mas de 1 h XD)
Aquí queda el relato, para quien quiera leerlo.

Mi abuela (que asco de titulo, se aceptan sugerencias >.<)

Caminaba por las calles mojadas de una Barcelona invernal, envuelta en mi abrigo y agarrando un paraguas gris con fuerza, en un pobre intento de no mojarme. La lluvia parecía reflejar mi estado de ánimo: caía. Tarde o temprano, todos caen arrastrados por la muerte hacia una vida mejor. Una parte de mí se alejaba sin remedio, cayendo en un pozo sin fondo del que no volvería: el recuerdo de mi abuela. O al menos, eso es lo que nos dijo el médico. El cáncer avanzaba inexorablemente, como un ejército asesino en miniatura, escondido en su cuerpo. La quimioterapia había debilitado demasiado a mi abuela, que ya apenas podía levantarse de su cama.

Sin darme cuenta, ya había llegado a su edificio. Entré en el ascensor y subí hasta el cuarto piso. Saqué las llaves y entré silenciosamente en la casa de mi abuela, sintiéndome casi una intrusa en un mundo de recuerdos pasados.

Como en cualquier casa como esa, un paragüero lleno de bastones de todo tipo, sobrios u ostentosos, metálicos o de madera, pesados o ligeros, finos o gruesos, daba la bienvenida a los visitantes. A un lado, el salón, con un magnífico piano de cola como centro de atención, cuya tapa no escapaba de la marea de rostros y momentos atrapados en un papel, atrapado en un marco. El blanco y negro desgastado de sus teclas aún llenaba la casa, de vez en cuando, de alguna melodía que transporta a años anteriores, cuando las voces infantiles aún resonaban en el pasillo y una madre amorosa decía a sus hijos que era la hora de comer. Aunque en ese momento las únicas notas que sonaban eran las del silencio y la enfermedad, las de la tristeza; las notas de la muerte.

Era una de esas casas llenas de muebles viejos de madera maciza, pesados y resistentes, con miles de cajones secretos en los que se escondían recuerdos cuyo dueño probablemente hubiera olvidado. Esos muebles estaban cubiertos de pequeños objetos inútiles y decorativos, que en un tiempo anterior fueron de uso habitual. Teteras y tazas de porcelana, marcos con fotografías en blanco y negro, y recuerdos comprados en cientos de viajes recogían el polvo que les cubría con un manto gris de olvido, quitándoles el brillo que alguna vez les perteneció.

Las paredes estaban cubiertas a partes iguales por retratos y cuadros, y por estanterías que llevaban hasta el techo el conocimiento polvoriento de cientos, quizás miles, de libros que no recordaban la última vez que fueron abiertos. Las sábanas, toallas y servilletas bordadas mostraban dibujos, nombres y muchas horas de dedicación escondidas en armarios de cerraduras oxidadas cuyas llaves probablemente jamás sean encontradas.

Una de las habitaciones decía que en ella creció más de un niño: un circo en miniatura, ya casi en ruinas; juguetes de cuerda; muñecas de trapo; tebeos de otra época, cuyas tapas luchaban por no caer; una cuna con las sábanas aún puestas, sin una arruga, lo mismo que las camas de la litera del lado opuesto; un pequeño armario en el que aún podían encontrarse pequeñas prendas olvidadas…

Casi podía imaginar a mi padre y a mis tíos de pequeños, jugando allí felizmente, peleándose por cierto juguete o por ver quién conseguía hacer rodar mejor aquella vieja peonza. Y de fondo, siempre mi abuela. Haciéndoles reír, resolviendo sus discusiones, contándoles un cuento antes de ir a dormir. Con su inagotable energía, sus ganas de vivir, de conocer mundo, de ser feliz.

En la cocina, Teresa me dio la bienvenida. Era la mujer que limpiaba, cocinaba y cuidaba de mi abuela. Un cielo de chica, siempre dispuesta a ayudar. Había emigrado desde Ecuador, en busca de una vida mejor, y la había encontrado.

Miré al reloj de pared, tratando de descifrar sus elegantes pero ininteligibles números romanos, hasta darme cuenta de que eran las cinco y diez. Decidí ir a ver a mi abuela, para hacerle compañía.

— ¿Se puede?

— Sí, claro hija, pasa.

— ¿Cómo estás, abuela? ¿Algo mejor?

— Si, aunque sigo cansada y sin apetito. Tengo la barriga revuelta, siento que si trato de levantarme caeré para siempre…

Caer. Había usado la misma palabra con la que, hacía poco, yo había comparado la muerte. ¿Era casualidad? Un escalofrío recorrió mi espalda.

—No te preocupes, abuela, te pondrás bien… Seguro que sí, ya verás. Tú eres muy fuerte.

— No, niña… Siempre he sido fuerte, sí, pero la enfermedad me debilita mucho… Nunca me había sentido tan débil. He tratado de ganarle la batalla al cáncer, pero no he podido. Sé que moriré por su culpa, y lo acepto. Todos tenemos que morir, y pronto será mi turno.

— Qué cosas dices, abuela, seguro que te recuperarás —intenté infundirle algo de optimismo, pero era difícil darle algo que ni yo misma tenía.

— Sabes tan bien como yo, como tus padres, como tus tíos y como el médico que no es así. Moriré, pero tras una vida feliz. Una vida que nunca dejé de disfrutar, con tu abuelo, con tu padre y sus hermanos, y también contigo y con todos tus primos. Me has dado muchas alegrías, Ester, y quiero agradecértelo.

— Pero, abuela… No hace falta. Tú me has hecho feliz a mí también, con eso es mucho más que suficiente.

— Qué cosas dices. Cuando no esté aquí, con el tiempo todos los recuerdos que tienes de mí se borrarán. Quiero que tengas algo mío, para que nunca te olvides de mí, y así yo nunca me olvidaré de ti.

En ese momento se incorporó dificultosamente, y alcanzó una libreta que descansaba en su mesilla de noche. Sus tapas, algo desgastadas, mostraban un dibujo de la luna, semioculta tras una nube, reflejándose en el mar. Era realmente preciosa.

— Ester, toma esta libreta. La compré en uno de mis viajes, no recuerdo exactamente cuál. Durante años y años he dibujado en ella, sin que nadie lo supiese, todo lo que mi imaginación me proponía. Muchos no son más que esbozos hechos a prisa, ninguno de ellos tiene gran valor artístico. Pero son mis dibujos, los dibujos de media vida. Y ahora te pertenecen.

Apenas podía creer lo que oía. Estaba maravillada, tan emocionada que apenas me atrevía a abrir la libreta. Aquello era el mayor tesoro que nadie me podría dar nunca. Y se lo dije.

— Abuela… Gracias, mil gracias. Es el mejor regalo que me han dado nunca.

Y entonces la abracé, con cuidado de no hacerle daño, y con las lágrimas asomando a mis ojos. Sentí cómo me devolvía el abrazo, pero el suyo fue un abrazo débil, apagado, un abrazo que poco a poco… caía.

— De nada… Una última cosa: no mires los dibujos hasta que te hayas ido. No me gusta que nadie los vea frente a mí.

En ese momento vi un brillo en su mirada, un brillo de esperanza e incluso algo del optimismo que había tratado de insuflarle. Por un tiempo, pensé que ese brillo la reviviría, y todo sería como antes.

Sólo por un tiempo.

De pronto, vuelvo a la realidad. Otra tarde mojada, todavía en Barcelona. La lluvia cae, al igual que mis sentimientos, igual que los sentimientos de todos los que estamos aquí. Igual que el féretro de mi abuela, que poco a poco se hunde en la fosa que será su tumba. Igual que las lágrimas que caen por mi mejilla, mezcladas con la lluvia, hasta que se estrellan contra el suelo ya encharcado.

Me llevo la mano al bolsillo de mi grueso abrigo, para notar el reconfortante bulto rectangular del cuaderno de mi abuela. Me lo dio hace varios meses, cuando aún estaba viva. Desde entonces mejoró, todos creíamos que se salvaría, que volvería a ser ella. Pero entonces, cuando mejor estaba, cayó en picado. Unos días después de eso, murió.

Sólo entonces abrí su libreta. Sus dibujos, todos ellos hechos con lápiz, eran realmente bellos. Paisajes de todo el mundo pasaron ante mi mirada, y también personas. Algunas conocidas, otras no. En alguno de aquellos dibujos creí reconocerme de pequeña, pero no estoy segura de que realmente sea yo.

Ahora es demasiado tarde para preguntarle. Ha muerto, pero en mi corazón, y espero que en el de todos los demás, sigue viva.


Siempre lo estará.



PD: No me termina de convencer la foto... pero queria poner una mia y es la unica que me pegaba mas o menos con la historia... que pena no tener una del piano de mi abuela T.T

9/3/08

La biblioteca

Salí del edificio rápidamente, cargando como mejor podía con todos aquellos libros, ansiosa por llegar a casa. Tenía que leer.
Ir a la biblioteca siempre se me había antojado como algo emocionante, aunque ya la hubiese visitado innumerables veces. Perderme entre las filas y filas de estanterías repletas de libros polvorientos, algunos de los cuales no habrían salido de allí en años; recorrer los pasillos en los que se ocultaban miles de historias nuevas, aún por descubrir; recorrer con el dedo los lomos gastados de todos aquellos libros que habían pasado por incontables manos, buscando la signatura correcta, aquella que con unas pocas letras indicase el nombre del autor y del título buscado, para sacarlo cuidadosamente y contemplar con una sonrisa la recién descubierta portada, algo afeada por el papel de forrar que la protegía de las manos sudorosas y descuidadas de algunos lectores.
Pero lo asombroso de ir a la biblioteca, lo realmente cautivador de cualquiera de esos templos de relatos, no eran tanto las historias que contaban los libros, sino las historias que se iban acumulando en ellos de préstamo en préstamo, las historias que convertían un ejemplar como tantos miles en único, historias que entre todos se tejían lentamente, de las que todos éramos y somos protagonistas; historias que pocos sabían encontrar entre las páginas intrigantes de una novela en la que esos detalles pasaban desapercibidos.
El primer lugar en el que buscar esas historias era la pequeña hoja en la que se marcaban con sello las fechas en las que el libro debía ser devuelto. Un día se secaba la tinta azul y usaban negra, en otra ocasión el sello se perdía y el día del fin del préstamo era anotado con lápiz, con una caligrafía cursiva y elegante. La misma hoja revelaba, como una suerte de anillos en un árbol, los períodos que el libro había pasado solo en un estante, sin poder compartir su historia con nadie, recogiendo polvo durante meses e incluso años, y los tiempos en que era más que solicitado, retirado de su lugar apenas unas horas después de su colocación.
Pero las verdaderas historias empezaban al mismo tiempo que la novela. No importaban tanto las esquinas dobladas junto a una mancha de café en un momento intrigante. Lo que realmente me atraía eran aquellas palabras subrayadas, fragmentos sueltos de frases que no tenían ningún sentido especial para mí, para nadie. Sólo para quien las había marcado, quien les había encontrado un valor sentimental especial, quien se sentía extrañamente atado a aquellas palabras que para otras personas no significarían nada. Palabras que solas eran incoherentes, no tenían ningún significado ni eran frases relevantes en el libro, escritas magistralmente con intención de impresionar a cualquiera.
No, las frases subrayadas no eran las que esperaba encontrar así, sino las que sólo a una persona de cada mil, de cada millón, les llegaban al corazón. Palabras que evocaban recuerdos olvidados, amores inconfesables de infancia, deseos profundos e insospechados, sueños nocturnos que volvían a la mente después de que el lector los creyese perdidos para siempre en una niebla matutina… Todas esas historias, o parte de ellas, se reflejaban en cualquier libro de la biblioteca.
Y yo, perdiéndome en mis pensamientos, jugaba a completarlas sobre mi libreta.


¡Holaa!! Bueno, aqui les dejo un relato que aacbo de escribir hace nada, recien sacado del horno xD
A ver que me acuerde de todo lo que tengo que decir... Ah si, muchas gracias a todas las que comentaron en la entrada anterior, mil gracias ^^ Lo de seguir la historia... pfff es que me costo mucho escribir solo eso, y es una historia real que no lo es, tendria que pasar tiempo y ver si sigo o no.
BUeno, primera entrada de marzo... el dia de las elecciones!! A mi como que la politica ni me viene ni me va, pero me he dado cuenta que las proximas elecciones yo podre votar por primera vez... Y esperoq eu mi madre tambien. Una vez mas veo como los estupidos papeleos burocraticos hacen que mi madre, que lleva 10 años viviendo aqui, no sea española. Esta casada con un españo, tiene 2 hijos españoles, esta contratada aqui, vive aqui... Pero no puede votar aqui. ¿Por que? Preguntenselo a los que llevan casi 2 años tramitando papeles. Son cosas que me dan rabia. Mi madre estudio un master y de todo en EEUU, y ahora esta volviendo a estudiar lo mismo por los mismos papeleos. Estupido, realmente estupido.

Cambiando de tema a algo mas alegre... A ver, que hay de alegre en este mundo... Me estoy deprimiendo pro una amiga, por otra amiga, por un amigo, por todo el mundo! Inma me dijo que me envidiaba porque nunca me llevaba desilusiones. ¡Pero tampoco me llevo nunca ninguna ilusion! ¿Eso es bueno? No se, no se...
No se ni siquiera a que viene todo esto... Me estoy estresando con tantos problemas XD

Bueno, dejandolo ya antes de que cuente mi vida y la de tanta gente, me despido.
¡Un beso!
Lauris

29/2/08

Año bisiesto

¡Hola!
Bueno, siento decir que no se puede quedar el blog sin una entrada el 29 de febrero, que esta fecha no la podre repetir hasta dentro de 4 años mas... Me dan igual los examenes, que tengo todo el fin de semana xD
Bueno, voy a dejar un relato que tambien acabo de escribir... Este necesita un titulo urgentemente, bueno, no urgentemente, es que es de los pocos que no se me ocurre ni una idea. Me han dicho "¿Quién eres?" que me gusta pero no me convence, y no see...


No todos los impermeables lo son siempre. Y el suyo había resultado ser apenas una fina prenda de algodón contra el jarro de agua fría que había recibido.
Anoréxica.
La verdad rebotó en su mente durante unos segundos al verla, sin poder aceptar que fuese cierto. La realidad entraba y salía, alejándose cada vez menos de su incredulidad. Hasta que, como todos los balones, se paró en el centro de su cabeza.
Y explotó en mil preguntas de incertidumbre, de miedo e inquietud, preguntas que pedían a gritos una respuesta… ¿Por qué?
Le había bastado verla después de tanto tiempo de conversaciones telefónicas para darse cuenta del cambio. Y había entendido porqué rechazaba quedar, porqué se limitaba a llamarla para intercambiar novedades, porqué ya nunca veía a la que había sido su mejor amiga. Porque ella sabía que, si se reencontraban, lo descubriría.
Oculta tras un cambio de colegio y unos nuevos compañeros duros y ciegos, había comenzado su propio tormento. No quería que la reconociesen por quién era antes, ya no. Nadie notaría el cambio, pues los ojos del mundo sólo se veían a sí mismos. Nadie excepto ella. Y la había visto.
Cruzaron una mirada, lo suficiente para reconocerse, para que cada una leyese en la mirada de la otra la verdad. Lo justo para que comprendiese que no quería hablar de ello, que debía huir. Lo más rápidamente que pudo, se mezcló con las gentes desconocidas de aquella calle, que pronto se convirtieron en salvadores.
La huída no hacía más que confirmar sus sospechas, su mejor amiga se había convertido en una desconocida. Y la culpa era suya. Corrió tras ella, agarró la manga de una chaqueta demasiado ancha para aquel brazo del grosor de un palo.
La miró a los ojos, buscando una respuesta, una explicación; la manera de ayudarla.
Sólo encontró lágrimas.



A A...

27/2/08

Cadeza hueca

—Cabeza. A ver, repite: ca-be-za —dijo una vez más la madre mientras se señalaba esa parte del cuerpo.

—Cadeza —dijo el niño entre risas, señalándose el pie.

—No, se dice cabeza, y está aquí —sonrió, tocando la del pequeño.

— ¡Cadeza! ¡Cadeza! —exclamó el niño, riendo ya sin disimulos.

— ¿Sabes qué? Voy a contarte un cuento, ¿quieres? Seguro que te gusta, como todos los cuentos…

— ¡Sí! ¡Un cuento, un cuento! ¡Empieza, mamá!

— Érase una vez un niño que pensaba con los pies. Se llamaba Luis.

— ¡Anda, como yo!

— Luis era un niño muy revoltoso, porque siempre tenía que estar corriendo de un lado a otro, para poder pensar. Todos sus amigos le llamaban cabeza hueca, porque sólo pensaba en caminar y en correr… Además, sus pies olían tan mal, ¡que sólo le gustaba el queso! Su Mamá estaba cansada de comprar tanto queso, ¡no habñia nada más en la nevera!

— Pero mamá… A mí no me gusta el queso, y no soy un cadeza hueca.

— Bueno, hijo, ¡hay muchos Luíses en el mundo! ¿Quieres saber cómo sigue la historia?

— Jo… yo pensé que la historia era mía… Bueno, sigue, porfa.

— Un día, Luis fue a jugar a fútbol con sus amigos. Él era muy bueno pensando estrategias, porque…

— Mamá, mamá, ¿qué son estartegias?

— Estrategias, hijo, es-tra-te-gias. ¿Sabes cuando el entrenador del Barça le dice a Ronaldinho que le pase el balón a Messi para que chute y marque? Pues eso es una estrategia.

— ¡Muchas gracias, mamá! ¡Ya sé lo que es una estartegia! —dijo Luis entusiasmado—. Y ahora, ¡cuéntame!

— Pues Luis siempre hacía de entrenador, porque se sabía todos los pases y jugadas del mundo, y se los podía enseñar a sus amigos.

— ¡Hala! ¡Eso es imposible!

— Pues no, Luis se las sabía. Pero ese día Carlos, el único delantero de su equipo, estaba enfermo, ¡y tenían que luchar contra el equipo de Juan! ¿Qué podían hacer? ¡No podían perder! Luis decidió que él jugaría, aunque, en realidad, ¡no había jugado nunca a fútbol! Empezó el partido, y cuando a Luis le llegó el balón estaba sólo contra el portero, ¡perfecto! Le dio una patada tan fuerte, ¡que el balón se perdió en las nubes!

— ¡Guau! ¡Es como Superman!

— No era tan fuerte, pero casi— le sonrió—. Después de eso, no marcó gol, y sus amigos se enfadaron con él. Además, los días siguientes no pudo hablar, todo lo que decía eran estupideces. Sus compañeros le llamaban cabeza hueca a partir de entonces, porque en su cabeza no había nada, pero en su pie… ¡tampoco!

— ¿Y no podía pensar?

— ¡No! Por eso, cariño, la cabeza está aquí— dijo mientras se la señalaba —, y no en el pie.

— Entonces, mamá… ¿yo soy un cadeza hueca?

— Como lo sigas diciendo mal, sí. Se dice cabeza.

— ¡No soy un cadeza hueca! ¡No soy un cadeza hueca!



¡Hola! Bueno, dejo ya el ultimo relato antes que despedirme de internet hasta el jueves o viernes que viene, que es cuando acabo los examenes... Ugh, desearia desaparecer estas semanitas, pero... va a ser que no xD
Es un relato algo estupido que escribi mientras estudiaba en la biblioteca y esta dedicado Laura Kiara, mi frikitocaya y 1ª en leerlo, aunque fuese a medias.
Pos eso, me despido ya y me voy a estudiar que hace falta xDDD
¡Besos!
Laura

PD. al mal tiempo buena cara... y a los examenes amontonados, codos resistentes XD

22/2/08

Reencuentro

Cajas.
Eso era lo que predominaba en lo que, hasta entonces, había sido su hogar. Cajas de cartón que poco a poco se llenaban con el vacío de armarios y estantes, que acabarían también desarmados y empaquetados en alguna otra caja, llena del vacío de aquella casa.
Miró monótonamente un viejo y pequeño baúl. Se preguntó qué habría en su interior y porqué lo conservaba. Sólo recordaba que su abuelo, al morir, se lo había dejado en herencia, sin indicación alguna de dónde podía encontrar una llave que lo abriese ni sobre qué encontraría si lograba hacerlo. Hasta ese momento lo había conservado por respeto a su abuelo, aunque tampoco le interesaba demasiado, pues tenía mejores cosas en las que pensar. Ahora que abandonaba su hogar, no le quedaba más remedio que decidir qué hacer con él.
Suspiró mientras se agachaba, e inspeccionó las bisagras. Bastante oxidadas. Con un golpe de martillo consiguió romperlas. Notó, para su sorpresa, que el pulso se le aceleraba. ¿Nervios? Ya estaba nerviosa desde antes, pues apenas tenía tiempo para empaquetarlo todo para la mudanza. Retiró la tapa con lentitud, sin saber qué le mostraría la vista.
Lo que vio la dejó asombrada. Un viejo estuche de violín, con el recubrimiento de piel ya desgastado, reposaba en el fondo del baúl, cubierto por cientos de partituras. A un lado, un atril desmontado. Un cálido escalofrío de emoción la recorrió de pronto, una gran añoranza se adueñó de sus sentimientos, y los recuerdos impregnaron cada uno de sus pensamientos.
Se vio a sí misma de pequeña, ensayando hora tras hora para un concierto, sin pausa, repitiendo desde el principio cada vez que se equivocaba, hasta que saliese perfecto. Notas que habían quedado olvidadas bajo el polvo de los años, escalas que subían y bajaban cubiertas por una pátina de olvido, vibratos melancólicos que habían sucumbido ante el más largo de los silencios de redonda…
Sacó el estuche del baúl y lo abrió lentamente. Casi podía sentir el tacto suave del terciopelo rojo gastado, que seguramente envolvía todo el interior del estuche. Y ahí, entre la tela de color sangre, encontró lo que, desde entonces, se convertiría en su más preciado tesoro. Recorrió con la vista las suaves curvas de caracol de la voluta; las clavijas rematadas en una punta de oro, el mástil, negro como la noche, que poco a poco se salpicaba de estrellas de resina; la elegante forma del cuerpo del violín, cuya madera marcada por el paso de los años aún brillaba a pesar de todo…
Como en un sueño cogió el arco y lo tensó, con toda la delicadeza del mundo levantó el violín de su reposo, y tocó.


Al principio con dudas, luego con más seguridad. Las melodías se sucedían, rescatadas de algún lugar olvidado de sus recuerdos, llenando la casa con notas de melancolía. El arco subía y bajaba, con pasión, con fuerza, desenterrando lo que había sido la banda sonora de su infancia. La música inundaba los años de silencio con su sonido, escribiendo partituras en el aire, creando bailarines invisibles que danzaban sin que nadie pudiese verlos…
Había recuperado, ya para siempre, la música de su violín.


Bueno, traigo buenas noticias (malas para los vecinos xD): ¡he retomado el violín! Llevo desde el lunes tocando a diario, es una sensación maravillosa. También estoy contenta porque ya pagué entero el viaje a Asturias (mas bien my mother, pero... es lo mismo xD), puse mis 200 € de rifas... Ahora tengo 50 rifas sueltas, supongo que me quedaré el dinero de venderlas xDD
Y para terminar con buen pie me voy a cenar, que ya tengo hambre.
¡Besos!
Lauris

7/2/08

Para Elisa

De nuevo, aquella música. Aquella delicada melodía interpretada por un piano antiguo, por unas finas manos pálidas que flotaban como la brisa sobre un teclado ya amarillento. Aquellas suaves notas que tantas veces la habían acompañado en la oscuridad de sus días, trayéndole algo de luz y esperanza…
Quiso saber de dónde venía la canción, y de nuevo sintió aquel abandono, la impotencia, el dolor en su pierna y, por encima de todo aquello, sintió la oscuridad más pesada que nunca sobre sus ciegos ojos azules. Pero no desistió. Se esforzó por escuchar de qué dirección provenía la música, cuán lejos debía estar el dueño de aquellas bellas manos que había imaginado tantas veces durante las horas muertas en aquella blanca, pero a la vez tan negra, habitación de hospital.
De pronto, la canción llegó a su fin, y Elisa se sintió abandonada de pronto, sola en un barco que navegaba a la deriva entre las oscuras aguas de una noche infinita, como si alguien hubiese apagado la luz invisible del único faro que podía guiarla…
-Para Elisa-oyó.
En un primer momento supuso que alguna enfermera le traería la comida, pero se descubrió pensando que aquella no era la voz de ninguna de las enfermeras que conocía. Se dio cuenta de que aquellos días en el hospital ya habían afinado mucho su oído, y eso ayudó a disipar, en parte, su tristeza. Recordó cómo al principio todo lo que oía no era más que un barullo atenuado de voces, pisadas y puertas que se abrían y cerraban, ajenas a lo que pasaba en el interior de las habitaciones a las que cedían el paso. Ahora podía distinguir quién hablaba en cada momento, hacia dónde se dirigían aquellos tacones, en qué parte de la habitación estaba el móvil que estaba sonando, si el coche que acababa de pasar iba rápido o muy lento… Lo que nunca conseguiría averiguar era el aspecto de cada rostro, el color del traje de aquel visitante, el modelo del nuevo todo terreno del doctor…
Coches. Se estremeció sólo de pensar en la última vez que había subido a uno. La última vez que había visto a su hermano quejarse por tener que sentarse aún en la sillita. La última vez que su madre les había dicho que se pusiesen el cinturón. La última vez que su padre había gritado. La última vez que había visto luz.
“Voy a tener que acostumbrarme a esto”, se dijo con resignación, una vez más, como sabía que seguiría haciendo durante mucho tiempo. Volviendo a la realidad, pensó que debía decir algo.
-¿Qué es para mí?-preguntó, sin saber si había alguien cerca que la escuchase.
-¿Qué has dicho?- era la misma voz femenina de antes; dulce suave, delicada, como si de un momento a otro pudiese romperse en mil pedazos de cristal.
-Si… si algo es para mí. Soy Elisa, ¿qué es para mí?- oyó una risita, ¿se burlaban de ella? ¿Por qué? Sabía que sus movimientos eran torpes y desorientados, que miraba sin ver, pero no merecía las risas de nadie. Estaba herida-. ¿Por qué te ríes de mí?
-No me río de ti… Y lo siento, tampoco tenía nada para ti, sólo murmuré el nombre de la canción que estaba escuchando, Para Elisa. Te llamas así, ¿verdad?
-Sí… ¿Quién estaba tocando la canción?- notó que el pulso le aumentaba, ¡al fin iba a conocer al pianista que tantas veces había imaginado! Ni se le planteó la posibilidad de que, en un hospital, muy difícilmente podía haber un piano.
-No… No la tocaba nadie. Es una grabación-. “Oh, no. No puede ser cierto”. De pronto, la luz intermitente de aquel faro pareció apagarse para siempre. El pianista de sus sueños no existía, no vendría a rescatarla de aquel horrible lugar, que tanto le recordaba a su familia, a pesar de no tener nada que ver con ellos. La oscuridad se hizo más negra, el silencio más callado-. Pero la grabación la tocó mi madre.
-¿Por qué no estás con ella? ¿Por qué no viene a tocártela ahora?
-Está… está… Está muerta. Pero no lo sientas, no es culpa tuya. Tu madre también murió, ¿verdad?
Elisa intuyó, por tan sólo un momento, que aquel era el comienzo de una amistad. De una gran amistad.



¡Hola! Es un relato que podria formar parte de una historia mas larga, que no se si escribir. Unos dicen que si, otros que no. A mi me gustaria seguir, pero no se, porque dicen que el relato perderia su encanto. ¡Necesito ayuda! Cada vez que empiezo una historia la acabo abandonando, no quiero hacer lo mismo con esta si es que la escribo. Si empiezo, quiero terminar. Por dos personas lejanas y cercanas. Y porque me lo propongo. Pero por otra parte me da miedo no terminar, por lo que seria mas facil dejarlo asi, como un relato... Nah, esto de elegir lo facil no es lo mio, creo que la voy a escribir. Pero de todas formas me gustaria saber su opinion, que siempre es de ayuda ^^
¡Muchas gracias por leer!
Lauris ^^

2/2/08

Agua fría

Aquí de nuevo con ustedes, Lauris, encantada de presentarles una nueva parida inexplicable... Disfrútenla o, al menos, no mueran en el intento de terminar.

Aproximadamente estábamos en un lugar a 1’887345 cmx10000 de la costa del país de Nunca Jamás en dirección Norsureña. Es decir, que no teníamos ni la más mínima idea de en qué parte del mundo (o, más bien, de qué mundo) nos encontrábamos.

Bueno, si quieres saber la verdad, yo podía haberte dado una idea bastante exacta de mi situación: estaba justo bajo el palo mayor de aquella nave, podía ver las velas colgando, sin vida, sobre la quietud del mar infinito. Desde luego, no habría sabido decirte dónde estaba el barco, pero al menos sí sabía en que parte de él estaba yo. De la posición del resto de mis compañeros… estaban en paradero desconocido, siempre dentro de aquella mitad de M&Ms flotante. Sí, el barco era perfectamente redondo, algo realmente inútil para cortar las olas. Hasta yo podría haber hecho un diseño mejor que ese.

El capitán, si podía llamar así a quien dirigía nuestros escasos avances, era ni más ni menos que el ingeniero que había creado los planos de nuestra nave. Cuando me lo dijeron, comprendí por qué estábamos perdidos. También me dijeron que la parte del barco que quedaba bajo el mar tenía dibujado el logo de M&Ms, y que todo aquello era una estrategia comercial para que los tiburones se uniesen al consumo masivo del chocolate, ya que su alimento natural, las percas, habían sido extinguidas por la sobrepesca.

Desde luego, las empresas cada día tenían ideas más espeluznantes: ¡matar a toda una tripulación para vender más entre los tiburones! Además, si querían aumentar los ingresos, sólo tenían que decirle a mi madre que no le prohibiese a mis hermanas que comiesen tanto chocolate, ¡entonces la demanda sería mil veces mayor que la producción!

No podía ser cierto, pensé, los tiburones no saben leer. Pero, ¿y si el Gobierno había creado una colonia de tiburones inteligentes a las espaldas del mundo, para así acabar con sus enemigos políticos y, ya de paso, ayudar a Peter Pan a que Garfio muriese? Ah, no… en ese caso sería un cocodrilo.

“Pero todos los cuentos cambian”, me dijo en ese momento Lucy, mi Hada Madrina, en un pensamiento. Y entonces una nueva pregunta surgió en mi mente: ¿desde cuándo los chicos tienen Hadas Madrinas? ¿No eran las chicas desafortunadas como Cenicienta las que las necesitaban?

Le conté mis dudas al palo mayor, el único ser vivo (y sí, estaba vivo: ¿acaso los cadáveres pueden aguantar la fuerza del viento tanto como mi querido palo mayor? Además, tenía brazos y una fuerza sobrehumana) que veía en ese momento. Se rió de mí, y decidió llamarme Ceniciento, para hacerme rabiar. Entonces, le empecé a dar patadas y puñetazos, porque no tenía derecho a meterse conmigo, y… ¡acabé por romperlo! Desgraciadamente, se cayó al mar, ¡ahora sí que estábamos perdidos!

Si el Capitán veía aquello, seguro que me hacía pedazos y luego me incluía en su cena, o peor aún, en la de mis amigos, sin que ellos lo supiesen. Para evitarlo, me tiré al agua atado a una bala de cañón, para bajar rápidamente con el palo mayor. Cuando le alcancé, traté de pedirle perdón, de convencerle para que volviese, pero no podía hablar, sólo me salían burbujas de la boca, y para mi horror me hundía cada vez más, hacia el fondo del mar, sin poder deshacer el nudo que me ataba a mi muerte... Creo que fue entonces cuando me di cuenta de lo fría que estaba el agua, el agua, el agua…

-¡¡AY!! ¿Te crees con derecho a despertarme así, con un jarro de agua fría? ¡Pero si sólo son las 12!




Y bueno... como todo el mundo sabe... ¡no me gustan mis uñas!

PD: no pregunten a qué viene nada de lo aquí escrito... Laura Balcells E. no se hace responsable de nada de lo aquí publicado, es solo su lado oscuro otra vez...

25/1/08

Carta al mar

Davidia:
Tu nombre no necesita antecedentes. Ni “querida”, ni “amada”, ni siquiera “la más bella”… Las palabras sobran en esta canción, pues tu nombre ya compone una melodía que dice todo lo que hubo una vez en mi vida, y que ahora llena mi corazón de un ruidoso silencio de tristeza.
Sé que nunca seré capaz de olvidarte. Aunque algún día llegase a desearlo, jamás podría hacerlo. Desde aquella tarde, aquella fatídica tarde, no ha pasado un día sin que haya venido a visitar este lugar, este maravilloso y horrible lugar. La armonía y tranquilidad del estrecho camino que bajaba por el acantilado y la playa solitaria se veían rotas por tu presencia, cuando bajabas hasta donde rompían las olas en busca de conchas, o un poco de paz. Te sentabas sobre aquella roca, aún puedo verte ahí, y dejabas pasar las horas contemplando el ir y venir de la espuma marina, la marea chocando contra las rocas, el sol acercándose al horizonte… Jamás osé acercarme a ti en esos momentos, pues eran tuyos y te pertenecían. Me quedaba en lo alto del acantilado mirándote, grabando cada pequeño movimiento tuyo en mi memoria, sin apenas fijarme en el paisaje que pudiera conmover a cualquier otro, pero a tu lado palidecía de tal forma que apenas parecía un adorno, meras fotografías sobre cartón que decoraban un escenario en el que mi papel era el de espectador.
Aquello no me importaba. Te amaba, y siempre lo haré, como te dije tantas veces mientras contemplábamos juntos el ocaso. El resto del mundo podía morir de hambre, una bomba nuclear podía destruir la Tierra, pero mientras tú estuvieses cerca de mí para darme tu calor nada tendría la menor importancia. Eras quien mejor me entendía, quien sabía cuándo necesitaba compasión y cuándo que me echaras en cara mis fallos, quien siempre estaba allí para abrazarme, la única razón por la que seguía adelante. Si tuviese que decir cuándo lo que siento por ti dejó de ser amistad para convertirse en algo más, no sabría contestar. Puede que la tarde en la que, al mirarte a los ojos, sentí la necesidad de besarte y, por encima de todo, leí en tu mirada el mismo deseo. Quizás cuando me di cuenta de que dependía de tus consejos más que de cualquier otra cosa en el mundo, no lo sé. Pero, ¿sabes? Tampoco tiene importancia, no más de la que tú misma quieras darle donde quiera que estés en estos momentos, si eres capaz de oír mis palabras.
Una tarde, me pediste que bajase contigo. “El mar pierde su magia si no eres más que una manchita contra el cielo”, me decías, sin comprender que la magia del mar eras tú. Me negué, y vi cómo te ibas por ese camino por última vez. En realidad, no sé muy bien porqué te cuento esto, pues sabes mejor que yo cómo ocurrió todo. Contemplé a cámara lenta cómo tropezabas con aquella roca, una y otra vez, de nuevo, y una vez más la imagen de verte cayendo por el precipicio se ha repetido en mi mente desde entonces. Si hubiese estado allí… Tus gritos resuenan en mi cabeza, me atormentan siempre que cierro los ojos por la noche, siempre que los abro durante el día; no hay momento en el que no recuerde el terror que se adueñó de tu rostro al notar que caías… cuando supiste que ibas a morir… Cada instante de mi existencia me he odiado por no acompañarte; por no haber saltado en tu busca, como tuve que haber echo a pesar de que ello significaría mi muerte; por no haber estado allí cuando me necesitabas, como siempre hacías tú… Me he reprochado el no haberte cuidado, el no ser capaz de entender que me necesitabas a tu lado tanto o más que yo a ti, el no darme cuenta de lo mucho que te dolía que no te acompañase…
Jamás sabré si caíste ese día por casualidad, o si una parte de tu subconsciente herido provocó el accidente. En cualquier caso, la culpa será siempre mía, por no haber querido ver que me amabas más que yo a ti, pues siempre quise, estúpidamente, ser el que más. Porque no quise aceptar que compartieses conmigo todo lo que tenías… porque yo no quería hacer lo mismo. Me arrepiento de todo esto más de lo que lo he hecho con cualquier otra cosa en mi triste vida. No soy más que un estúpido egoísta, cobarde, que, a pesar de todo, te seguirá amando hasta el final de sus días.

Debería dejar de escribir aquí, pero mi orgullo sin sentido me impide terminar dejándome en ridículo. Te pido perdón también por esto, aunque ya no me puedas perdonar. Y, aunque pudieses, entiendo que no lo hagas.

El mar se te llevó, eso es todo lo que sé. Siempre fue para ti algo mágico, y no lo ha dejado de ser en mi opinión. Se ha convertido en un hechizo de hipnotismo y muerte, un maleficio que, a pesar de todo, no puedo dejar de contemplar como lo hacías tú: fascinado por su belleza interminable, por su poder lejano y misterioso; cautivado porque sé que, desde algún rincón den océano, aún deseas volver para despedirte, como no pudiste hacer antes de caer al agua salada.
Por eso, quiero que estas pobres palabras se borren para siempre entre la espuma marina, pues quizás así sepas que, a pesar de todos los males que te hice, te sigo amando y te pido perdón.
Te añoro, a ti y a tu mágica risa, a tus palabras, a tus besos, a tus caricias y a tus abrazos… Más de una vez he deseado haber muerto para estar junto a ti, pero me pediste que viviese… que fuese feliz sin tu compañía, a pesar de ser eso imposible. Lo siento mucho, desearía ser capaz de cumplir todos aquellos sueños que te acompañaban a donde fueses, a donde quiera que estés. Te necesito a mi lado, ahora, pero sé que los milagros no existen.
Sólo espero que tú, estés donde estés, seas también feliz. Sólo quiero que no me guardes rencor, y esta vez dejaré de lado mis egoísmos, pues el rencor y el odio no dan lugar más que a frustración, rabia y soledad.
Ríe, mi amor, como lo hacías antes, y oiré tu risa en las mareas; sonríeme, y veré tu sonrisa reflejada en la superficie del mar. Trataré de hacer yo lo mismo, por tu recuerdo.

Siempre pendiente del océano inacabable,
tu Ángel





¡Hola! Pequeño relato basado en hechos semi-reales (y ni siquiera xD) Estoy contenta porque por fin llega el fin de semana, que espero que sea mas tranquilo que los anteriores, con varias fiestas, mucha gente solicitando mi presencia, muchas cosas que hacer y poco tiempo. La verdad es que necesito un finde para estar sola, descansar, escribir, relajarme, recargar las pilas antes de carnaval... que esa semanita va a ser agitada xD (aunque la deseo, la deseo xDD)
Hace poco empece a poner fotos en picasa ( http://picasaweb.google.com/lauris313 ) Si las quieren ver, pásense ^^ Aunque advierto que no soy un gran genio de la fotografia xDD Por ahora sólo están las de la salida al monte con la family, el domingo pasado.
Dar las gracias a CDE por decirme 5 millones de nombres de chicos xD y poco mas que decir... me quiero apuntar a taekwondo *.* y da patadaaas a mi hermanoooo xDD
Bueno, dejo ya de aburrir al quien lea esto.
¡Besos!
Lauris ^^

14/1/08

Érase una vez... (parida)

Érase una vez una chica guapísima, inteligente, maravillosa y, en resumen, prácticamente perfecta. Se llamaba Laura, y tenía un blog llamado Mi Cajón Desastroso, en el que ponía todas aquellas cosas que escribía. Tenía un don para las palabras, las tejía unas con otras haciendo maravillosos vestidos, camisas, bufandas... Laura era la mejor.
Pero, como todo el mundo, Laura tenía un fallo (pero sólo uno, y claro, el resto del mundo tenía muchiísimos fallos, p or lo que Laura era muy afortunada). Como decía, el fallo de Laura era la cocina. No era su punto fuerte, desde luego, y tampoco le gustaba. Por eso odiaba las veces que su madre le decía que hiciese la comida para ella y para su hermano.
Cierto lunes, Laura estaba a punto de empezar un trabajo de tecnología, cuando sintió que su estómago le pedía algo de comer. Era normal, pues aquella mañana se habían acabado los cereales, y tampoco quedaba mucho pan, asi que había desayunado la mitad de lo normal. A la hora del almuerzo, que desgraciadamente había tenido que hacer tambien ella porque su madre estaba haciendo la compra, había descubierto que uno de los ingredientes básicos estaba pasado, así que tanto ella como su queridísimo hermano Daniel tuvieron que tomar un burrito cada uno. Ciertamente, aquello no había contribuído a llenar su estómago, y ahora tenía más hambre que nunca.
Laura se dirigió a la cocina, buscando algo dulce para comer, cuando su madre le sugirió que hiciese un bizcocho. En un principio, la idea no le gustó en absoluto, pero luego se dio cuenta de que le apetecía mucho un bizcocho, y sabía que su madre no lo iba a haber, asi que sólo le quedaba hacerlo ella misma. Sacó los ingredientes: huevos, harina, yogurt, aceite... Algo tenía que faltarle. ¡Ah, claro! Un limón, para la rayadura. Lo buscó en la nevera, pero no lo encontraba, y pensó en ir a coger uno del limonero de cierta vecina suya, justo en el momento en el que por fin vió un limón escondido.
Nuestra querida protagonista necesitaba escuchar música mientras hacía eso, si no se le iba a hacer muy aburribo, así que cogió su movil para escuchar una canción con la que llevaba obsesionada desde hacía una semana, hasta el punto de haberla escuchado sólo en el ordenador más de 100 veces. Toda la familia estaba más que harta de esuchar aquella canción un tanto repetitiva a aquellas alturas, por lo que Lau se puso a buscar su queridísimo auricular (si, señores, sólo uno). Cuando lo encontró vio un problema: el cable la molestaría mucho a la hora de cocinar. Pero como antes dijimos que Laura es muy lista, deó un sistema perfecto: después de ponerse el movil en el bolsillo del pantalón y pasarse el auricular por la espalda, se enganchó el cable al pelo con una traba, dejando lo suficiente como para que le legase a la oreja. ¿No es maravillosa nuestra querida protagonista?
Laura empezó a untar el molde con mantequilla y luego con harina, proceso tras el cual se quedó con las manos un tanto asquerosas. Hasta tuvo que lavarse las manos con Fairy, el imán Antigrasas, para no tenerlas pegajosas. Asombroso, ¿eh? Lo primero que tenía que poner eran los huevos. Los abrió de uno en uno, todo perfecto hasta que se le cayó la cáscara de uno de ellos al cuenco donde lo estaba mezclando todo, por lo que sus manos recién lavadas quedaron pringadas de nuevo en el intento de rescatar la cáscara. Después añadió el aceite y todos los demás productos líquidos, y más tarde la harina. Cuando quiso darse cuenta, ¡no había puesto azucar! Buscó el bote donde debía estar guardado, y midió 250 gr... ¡pero sólo habían 150! Laura buscó desesperadamente en la despensa un paquete de azucar, pero no lo encontró. se sintió muy desgraciada, cuando pensó que quizás en el azucarero quedase un poco. ¡Eureka! ahí estaba, el azucarero casi lleno del todo, y Laura pudo poner la cantidad de azucar necesaria.
Laura empezó a mezclarlo todo con un cucharón, intentando que no quedasen grumos. Tenía la sensación de que ALGO se le olvidaba, y ese algo era bastante importante. Por suerte, recordó que aún no había puesto la levadura, por lo que se apresuró en ponerla. Siguió removiendo hasta que la masa estuvo completamente lisa, y entonces lo virtió todo en el molde.
En ese momento llegó su madre, y entonces ambas se pusieron a pelear por el cuenco en el que Laura había preparado la masa, ya que lo que no se había podido aporvechar estaba verdaderamente delicioso. Laura creía que ella era quien tenía derecho a tomarselo, porque ella había cocinado con espero todo aquello, pero sin embargo su madre se empeñaba en quitarle el cuenco, y tras una larga lucha Laura consiguió esconderse en el baño con el cuenco y, además, el pelo y la ropa llenas de masa. "Para algo están la lavadora y el champú", pensó. Después de eso recordó que, para que el bizcocho estuviese listo, faltaba un paso importante: ponerlo en el horno.
Lo hizo, y se puso a doblar una colada y tender la siguiente. Cuando terminó, se fue a su cuarto, y encendió el ordenador. Abrió el messenger y se puso a hablar con la gente. Casi se olvidó de apagar el horno. Afortunadamente no fue así, y cuando lo vio y se dio cuenta de que estaba muy chiquito todavía pensó que algún ingrediente tenía que haberle faltado. Pensó y pensó, le dio vueltas y más vueltas, hasta que llego a la conclusión... ¡de que no había puesto la rayadura de limón! Lo dedujo porque vio el limón intacto en la mesa, porque si no seguramente nuestra querida Laurita no se hubiese dado cuenta, ya que a pesar de que antes se mencionase que es maravillosa (y lo es) todo el mundo tiene sus defectillos, pero en el fondo todo el mundo es maravilloso.
Finalmente sacó el bizcocho del horno, y mientras que esperaba a que se enfriase Laura decidió que quería contar al mundo sus escasas dotes culinarias, y lo hizo mediante su blog, el ya mencionado Cajón Desastroso. Se puso a escribir toda su historia, y aunque sabía que tenía que estar haciendo el trabajo de tecnología, no le apetecía hacerlo, y además, ya lo haría mañana, o más tarde. El caso s que en estos momentos Laura se ha dado cuenta de que su querido bizcocho ya se ha enfriado lo suficiente, así que puede que estas sean sus ultimas palabras antes de morir envenedada...


Vale, decididamente me aburro mucho xDDDD Por cierto, el bizcocho no esta mal, pero tampoco especialmente bueno, y no, no se vende ni se regala, ¡que ya me costó su trabajo hacerlo! XD
¡Besos!
Laura

PD: que gran exito la entrada anterior...

29/12/07

Aburrimiento (no me mates, Ana)

Estoy aburrida. No se qué escribir, poco a poco se me van las ideas de la cabeza. Intento alargar la historia poniendo descripciones, más descripciones todavía. Antes la historia que yo escribía era divertida, pero yo me aburrí de ella, y ahora la historia es aburrida, porque el aburrimiento se contagia. Y tú te estás divirtiendo, y me das envidia. Porque yo me quiero divertir, pero no puedo. Porque ya me ha entrado el virus, no hay quien me lo quite. Me ha entrado en virus del aburrimiento. No quiero ser la única, quiero que alguien más se aburra conmigo. Y quiero que ese alguien seas tú. Porque tú te estás divirtiendo más que nadie, te hace gracia que yo me aburra, te ríes de mi. Porque no sabes lo que es sufrir el aburrimiento, pero pronto lo vas a saber. Porque quiero que te aburras, y si quiero que te aburras, puedo. Sé muchas formas de hacer que te aburras: escribiendo un texto monótono, para que tú lo leas; puedo hablarte de política, de políticos, del Estatut de Cataluña (ves, sigues riendote), o averiguar qué es lo que más aburrido te parece en este mundo y empezar a hablarte de eso, porque ese es tu punto débil; también te puedo poner un libro entero de ecuaciones para que lo hagas tú solo; o hacerte copiar Don Quijote de la Mancha, o… ¿Te marean la ideas? ¿Sientes miedo solo con oír las torturas que se me ocurren? Pues esas cosas las vivo yo siempre, nunca he dejado de sentir esa monotonía constante en mi ser, y es insoportable , créeme. Si no lo quieres sufrir tú, no te obligaré, pero, por favor, ayúdame a salir de aquí. Tú eres la única persona que puede hacerlo, tu sonrisa es mágica, y me salvará de este infierno. Si no me ayudas, sentirás remordimientos el resto de tu preciosa vida, y ya no disfrutarás como lo hacías antes, porque algo te pesará como una losa en tu corazón, una voz te susurrará en sueños todas las noches, recordándote que no me salvaste de algo peor que la muerte, no me salvaste del aburrimiento, y lo lamentarás el resto de tus días alegres. Si no me salvas, mis amenazas se harán realidad, así que tú decides: salvarme, o esperar conmigo a ser salvado por alguna persona piadosa, muy distinta a ti. Pero si eliges salvarme solo para salvarte a ti…. También sufrirás. Porque yo, aunque parezca imposible, me encontré en la misma situación que tú, decidí salvar al pobre infectado de aburrimiento del que tanto me reía… lo salvé por salvarme a mi mismo, y mírame… esto es lo que queda de la persona alegre que antes fui. Si me salvas, hazlo de corazón, porque, si no, te quedarás donde ahora estoy yo. Te toca decidir, es tu última elección. Si te quedas aquí conmigo por pasar de largo, te explicaré gustosamente de qué va esto; si nos vamos los dos, me reiré contigo, seremos ambos felices; pero si yo me voy y tú te quedas… lo siento mucho, amigo mío, estarás en la peor de todas las prisiones, estarás en la prisión del Aburrimiento.


Lo siento, tenia que hacerlo. No porque ayer recordase este "maravilloso" relato, sino porque hoy ha sido el dia mas aburrido de mi historia (creo). O al menos lo parece. En fin, que lo siento, que espero que no veas esta entrada nunca y que si la ves sigas considerandome tu vecinita del alma ^^

Al margen de eso... supongo que esta sera la ultima entrada del año, asi que aprovecho para desearles un 2008 lleno de alegria, en el que luchen por sus sueños hasta verlos hechos realidad, en el que sean capaces de superar las dificultades, que tambien espero que sean muy pocas. Y, básicamente eso ^^

¡¡Feliz 2008!!
¡No see atraganten con las uvas! :P

Laura

22/12/07

Hasta convertirse en una estrella

Reía, y su risa se propagaba. Se repetía en un eco incesante de alegría, de despreocupación y de felicidad. Risas contra un silencio blanco de fondo, que poco a poco tomaba todos los colores del arco iris. Una carcajada fuerte y sonora lo transformaba todo a su alrededor, disipaba la bruma triste de un día soleado y hacía luminosa la noche.
Cantaba, y su voz llegaba a todos. Improvisaba letras y melodías, corriendo por un prado sin fin de verde hierba bajo la lluvia. Saltaba, se tropezaba, rodaba por el suelo y se levantaba, seguía corriendo por el simple hecho de querer hacerlo, porque estaba feliz. Una felicidad inexplicable pintaba una gran sonrisa en su rostro, llenaba cada rincón de su ser y más.
Llevaba horas brincando y riendo sola, sin razón ninguna. Pero disfrutaba. Sentía que en cualquier momento un par de alas nacerían de su espalda y saldría volando sin destino, continuaría su carrera contra el viento entre las nubes, persiguiendo a una mariposa invisible por el cielo.
A ratos llovía, a ratos salía el sol. Podía hacer lo que quisiese, nadie la vería. Bailaba, saltaba, se tumbaba en la hierba y daba volteretas, cantaba, reía y gritaba al mundo que, por alguna razón, era feliz.
Seguía corriendo, sin cansarse apenas, pues sentía que toda la energía del mundo la acompañaba y jamás se agotaría. Correría hasta el fin del mundo, hasta alcanzar la estrella más lejana, y entonces la abrazaría hasta fundirse con ella…
Hasta convertirse en una estrella.


¡Hello! Es un relato un poco... cursi quizás, demasiado "mundo perfecto e ideal", pero es que me siento así ahora ^^ Como si pudiese volar hasta el lugar más lejano imaginable y volver si quisiese, o simplemente quedarme allí hasta que echase de menos a la gente xD Acabo de escrbirlo rápido, porque quería reflejar en un relato cómo estoy ahora, porque me di cuenta de que casi todos (por no decir todos) mis relatos tratan sobre tristeza o algun sentimiento poco agradable, y me pregunté, ¿porqué no un relato alegre, si además estás alegre? Y bueno, este es el resultado xD

Dar las gracias a todos los que comentarion en la otra entrada (aunque fuese erroneamente xD) y que me alegro de que les gustase la cancion ^^ Y siento mucho no haber actualizado ultimamente, tuve un problemilla con el portatil que no le llegaba el internet (Ana, al final fue cierto xDDD) y encima no tenía nada que colgar, pero al final aquí estoy ^^
NO sé si antes de año nuevo podré volver a actualizar, pero por si acaso digo ahora lo siguiente:
¡¡Muy felices fiestas a tod@s!! Espero que pasen unas Navidades no-comerciales, que no sean un continuo ir y venir de gente, de luces brillantes, de prisas y de gasto de dinero; sino todo lo contrario. Que pasen una Navidad como supongo que eran ANTES de la existencia de esa cosa que nos amarga la vida, el dinero (si, la amarga y no la endulza, es en serio. Si el dinero no existiese, nadie estaria amargado por su falta T.T) Una Navidad para pasarla con la familia y los amigos, sin preocuparse de "ay, si compro esto entonces no me da para regalarle a X, y entonces..."
No hagan mucho caso, estoy un poco harta del dinero (es lo que hace un dia entero por la calle Castillo verdad vecinita?? TE VIIIII xDDD)
Y bueno... Qué mas decir, que les deseo lo mejor para el año que viene, que no se coman la cabeza tanto como yo y... ¡deseenme que no me coma la cabeza!! xDD :P

¡¡Feliz Navidad!! ¡¡Que dejen mucho los Reyes y Papá Noel!!
¡Besos!
Laura :P

26/11/07

Patines rosados de flores

Caminaba flotando entre las calles, entre la gente, a la deriva en un mar de robots programados para seguir su vida sin interesarse por la de los demás… Su paso, el de quien deambula sin rumbo, buscando algo sin saber el qué; su mirada, la de quien está perdido en su propia ciudad, la de quien tiene la certeza de que no está en su mundo a pesar de estarlo.
El cielo grisáceo del crepúsculo aún iluminaba algo más que las farolas, al ser viernes los niños correteaban en juegos que sólo ellos comprendían. Tenía frío, el otoño la había sorprendido en manga corta. No le apetecía volver a su casa, aún le quedaba un tiempo antes de tener que hacerlo. Tampoco sabía en qué pensar. Aquel había sido un día más, uno de tantos, monótono como cualquier otro, con la misma sensación de querer volar… Huir hacia algún lugar en el que los sueños fuesen posibles, en el que el dolor no existiese, en el que las personas no sintiesen odio hacia otros… Escapar de la realidad, explotar en mil gotas de lluvia, crear un propio mundo en el que todos fuesen felices…
Se sentía encerrada en un cuerpo, queriendo sentir algo diferente, que la transportase a años luz de aquel planeta rencoroso, que le hiciese olvidar todas sus penas y no pensar en nada, solamente disfrutar de aquel sentimiento… Lo necesitaba. Andaba como un alma en pena entre aquellas gentes, extraviada en un lugar que conocía, esperando encontrar por algún favor del destino aquello que la sacase de su sopor continuo. Algo que sin quererlo cambiase su vida.
Sus pies la condujeron, sin saber cómo, a una plaza en la que los niños jugaban a fútbol, a las casitas, al escondite… Cada uno en su mundo, ajenos a la realidad, ajenos al hecho de que pronto todos aquellos mundos morirían y serían sustituidos por un único lugar de vida, que venía con unas normas inscritas, de obligada aceptación… Un mundo igual para todos, donde los sueños no eran más que eso y jamás se cumplían, un mundo en el quien ayudase a los demás era visto con malos ojos, un mundo cruel. A nadie se le permitía volver al mundo de los niños después de cumplir cierta edad. Y, sin embargo, qué felices serían todos si viviesen como niños…
Reflexionaba sin darse cuenta mientras paseaba sin rumbo por la plaza, sin prestar atención a lo que veían sus ojos, hasta que la vio.
Se paró en seco, de pronto sólo parecía existir ella. Aquella pequeña niña rubia, a lo lejos, deslizándose torpemente sobre unos patines rosados de flores… Juraría haberla visto antes.
Una imagen.
Un recuerdo.
Una lágrima.
Se vio a sí misma tiempo atrás, en un banco de otra plaza, le vio a él. Juntos. Lo observaba todo de lejos, como en una película, como si no fuese ella la que besaba y abrazaba a aquel chico de ojos azules… La chica miró un momento hacia un lado, y allí estaba, una pequeña niña rubia, deslizándose torpemente sobre unos patines rosados de flores…
Un momento feliz. El primero con él. Pero había acabado. En ese momento, viendo a la niña como un fantasma de una época pasada, no quiso recordar el porqué, sólo quería dejar atrás lo que había ocurrido y… Olvidar. Quizás era eso lo que la hacía sentirse fuera de lugar.
Quizás su recuerdo era la cadena que la mantenía atada a aquel mundo monótono que antes no se lo había parecido tanto. Quizás porque estaba él. ¿Antes de que apareciese se sentía igual, o era el dolor de la perdida lo que la hacía verlo todo de ese modo? No recordaba. O simplemente no quería hacerlo, trataba de convencerse de que el mundo sin él no era mundo, de que no tenía sentido seguir adelante sin su compañía.
Perdida.
Ahora lo veía claro. Desde que se había ido, estaba perdida. En la incertidumbre, en la esperanza de lo imposible, en lo que ella había transformado en un mundo hosco. Se había sumido en su propia desesperanza, haciendo que todo pareciese peor de lo que realmente era.
Miró de nuevo a la niña. Seguía jugando alegremente, despreocupada, sola. En su mundo personal e irrepetible. En su mundo rosado y lleno de flores, en el que podía caerse patinando, pero siempre se levantaba. En un mundo en el que personas como él no existían, donde nadie trataba de herir a los demás.
Cerró los ojos con fuerza y giró la cabeza bruscamente. Aquella sería la última lágrima que caería. Él no merecía su dolor, y menos aún que llorase por no tenerle a su lado. No. Haría como aquella niña anónima, levantarse después de cada caída y seguir viviendo en lo que siempre había sido su mundo de patines de flores…
Levantó la vista y sonrió agradecida a la Luna. Había despertado en plena noche.



PD: M por partida doble, como verás (si es que lees esto) al final te hice caso... xDD ¿Que tal esa siesta?

20/11/07

Rincón

Le gustaba esconderse allí, donde nadie podía encontrarla. Sólo ella sabía lo que se ocultaba en aquel rincón o, al menos, había reparado en la existencia de aquel columpio. Quizás porque, cuando era pequeña, pasaba las tardes jugando allí con sus vecinas. Ahora que todas se habían mudado, ella era la única que lo recordaba.
Al final de uno de los paseos que se extendían por toda la urbanización, había una escalera que conducía a aquel pequeño jardín, repartido en pisos a los que se accedía prácticamente escalando.
Y, en el más alto de ellos, estaba el columpio.
Colgaba de un árbol, sobre una tapa de alcantarilla, rodeado de muros por tres de sus lados. A su alrededor crecían multitud de plantas, que hacían aún más difícil llegar a él Uno de esos muros daba al barranco seco y áspero que apenas llevaba un pequeño caudal en las épocas de lluvia.
Sentada sobre él podía contemplar las copas de los árboles que crecían en los niveles inferiores, las montañas que bordeaban el barrando y, más allá, la línea que separaba el mar del cielo en el horizonte.
En aquel lugar perdido posaba su mirada en el cielo durante horas, observando cómo las nubes se sucedían y cambiaban de forma. A veces se balanceaba y disfrutaba de la brisa en su rostro, ajena al resto del mundo, perdido en el suyo propio. Cuando necesitaba estar sola, aclarar su pensamiento, acudía allí a encontrarse consigo misma, a olvidarse de todos sus problemas…
Su columpio era su libertad, su única sensación de paz que le daba el día a día, el único lugar en el que se sentía a gusto, donde sabía que nadie podría molestarla… Disfrutaba columpiándose suavemente con un pie mientras reflejaba todo lo que pasaba por su mente en una libreta, garabateando sin pausa todo lo que sentía. Se desahogaba así de todos sus problemas, llorando sobre aquella tapa de alcantarilla, imaginando personas, vidas, situaciones diferentes, creándolas sobre el papel de su libreta mientras sobre ella caían hojas que se balanceaban en columpios invisibles, como lágrimas del propio árbol que se lamentaba de la llegada del otoño.
Entonaba melodías inventadas, sin letra, simplemente notas al azar que se entremezclaban con el canto de los pájaros. No le importaba que la oyesen, nadie lo haría. El mundo estaba demasiado cerrado, todos habían quedado sordos a las voces de los demás, sólo les importaban las suyas propias.
Cerró los ojos y escuchó palabras susurradas por el viento que sólo ella entendía; sintió un rayo de sol que luchaba por atravesar las hojas del árbol y calentar su piel con el mismo mensaje.
Había sido bastante por ese día. Ya tenía la historia que quería: una que hablase sobre el columpio del que, en cuanto acabase la última frase, se levantaría.

PD: Ana, a ver si sabes dónde está ^^

22/10/07

¿Mi culpa?

¿Tengo la culpa de ser yo?
Soy diferente, lo sé, no me importa reconocerlo. ¿Ser diferente debería causarme problemas? ¿Es mi culpa no tener los mismos gustos que el resto del mundo?
Que me guste escribir no significa que sea una persona totalmente seria y aburrida, que no me guste el regeton no significa que no podáis hablar conmigo, que no sea superficial como vosotros no significa que sea filósofa… No tengo 10 novios por mes, ¿y qué? ¿Eso me hace peor persona?
¿Tengo la culpa de que no me entendáis?
Realmente, empiezo a dudar si el problema soy yo y no vosotros. Quizás lo normal hubiese sido rendirse a la moda, a la corriente, hace ya mucho tiempo. Quizás soy la única persona en el mundo que sigue su pensamiento… Quizás estoy loca, quizás nada de esto tenga sentido. Quizás la lógica me haya abandonado, y no me haya dado cuenta de lo equivocada que estoy al tratar de no seguir la corriente, al tratar de ser yo.
No lo sé. ¿El error es mío? ¿Realmente tengo la culpa de no querer cambiar? ¿De ser yo misma? ¿De tener mis gustos? ¿Tengo la culpa de mantener firme mi identidad, o sois vosotros quienes, a partir de pequeñas diferencias, me habéis hecho mas diferente todavía?
Aún no he encontrado la respuesta, y sé cuál será la vuestra, pero no estoy segura de que sea la correcta. Pero, pase lo que pase, seguiré siendo yo.
Con culpa, o sin ella.



¡Hola! Este relato es totalmente personal, no es una reflexion de un personaje inventado, es mi propia reflexion, y aunque realmetne sé que no tengo la culpa quería plasmar un poco esa duda que a veces me asalta (aunque cada vez menos, porque cada vez me da mas igual lo que se diga de mi :P )
BUeno, decir que este fue mi 2º puente consecutivo porque el viernes hubo huelga de profes xDDD Y esta semana tendré otro, porque el viernes nos vamos de excursion al monte (¡que divertido! notese la ironía, no quiero ir -.- ) y eso no cuenta como clases... xDD
Y no tengo muchas ganas de seguir escribiendo porque me duele mucho la mano gracias al empujon de mi hermano cuando tenia la mano demasiado cerca del horno... TT__________TT
BUeno, no mucho mas que decir ademas de que como veran puse etiquetas, para ordenar este cajon demasiado desastroso xD
¡Besos!
Laura


PD: Dani, sabes que te quiero muuuucho :P

15/10/07

¿Qué pasará?

¿Te has preguntado qué pasará cuando tú ya no estés en este mundo? Seguramente para tus amigos, conocidos y familiares será algo triste, difícil de superar y, a fin de cuentas, una tragedia. Tampoco dudo que en algún momento de tu vida te has parado a pensar qué pasará cuando hayas conseguido ser la envidia de todo el barrio, qué sentido tendrá tu vida entonces. Muy posiblemente habrás meditado algún día sobre las repercusiones de un simple comentario tuyo en el momento equivocado o frente a las personas equivocadas, cómo unas simples palabras pueden llegar a hundirte para siempre.
Preguntarte acerca de tu vida es algo que haces casi a diario, si no me equivoco. Y tranquilo, no eres el único, todos lo hacemos. Pero, ¿alguna vez te has preguntado algo sobre tu planeta? ¿Se te ha ocurrido la idea de preocuparte por lo que pueda pasar si esto sigue así? Y tranquilo, no eres el único, casi nadie lo hace. Y teniendo en cuenta que los humanos somos la única especie dotada de inteligencia, es un dato… Diría que espeluznante.
¿Y por qué espeluznante?, se preguntarán muchos. ¿Que yo no me preocupe por una tontería es un dato espeluznante? Otra pregunta típica, una de esas preguntas ridículas que al principio hacen reír, pero después nos revelan hasta qué punto se ha vuelto estúpida la sociedad.
Ya veo que no lo entiendes… Tendré que explicarlo según tu forma de verlo, por ejemplo: ¿Consideras una tontería perder tu casa, tu hogar? No, ¿verdad? Entonces, dime por qué te parece una tontería el futuro de la Tierra, el único lugar en el que puede existir vida humana, nuestro hogar.
No puedo tener la certeza de que no te importa lo más mínimo futuro de tus hijos, o el de los hijos de tus hijos, o incluso el de los hijos de los hijos de tus hijos… Tampoco sé si es un dato relevante para ti que este mundo se convierta en un lugar inhabitable, ni si en algún momento considerarás con la importancia que se merece que te estás destruyendo a ti mismo al destruir tu hogar. Nunca lo podré saber.
Lo único que sé es que si no cambias pronto será demasiado tarde para rectificar, y ya no quedará ninguna esperanza de salvación para tu querida Tierra.



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¡Hola! En primer lugar, hoy es el día de Acción del Blog, que este año va dedicado al medio ambiente. El objetivo es que todos los bloggers pongan en sus blogs algo que tenga que ver con el medio ambiente, ya que gota a gota se hace el rñio, y si todos ponemos un pequeño comentario a favor de la naturaleza, en contra de la contaminación... ¡lograremos muchas cosas! Se pretende qe todos dediquemos un poco de nuestro blog al medio ambiente: una foto, un video, un relato, o simplemente una opinión, un comentario sobre lo que pensamos acerca de este tema tan importante...
Claro que no es obligado participar, pero si es bueno y ¡muy importante!
Yo humildemente pongo este relato para que reflexioneis, ¡bestias del consumismo! ;)A ver si un día piensan un poco en su hogar... xDD

Bueno, esero que hayan tenido un día mejor que el mío, porque llevo desde que me desperté con dolor de cabeza y la barriga revuelta (esto último por tragarme el desayuno sin masticarlo, por culpa de las prisas T.T). ASí que espero que accionen sus blogs contra la contaminación, el cambio climático y las especies en peligro de extinción, ¡que todo eso es importante!

¡Besos!

PD: sera todo lo importante que quieran... ¡pero yo lo soy maaas!! :P xDDD